acerca de mi

Nací en Meliana, pueblo albergado entre la huerta y el mar, en la primavera de 1972.


Motivada por el interés en los asuntos del alma humana estudié Psicología en la Universidad de Valencia desde el año 1992 hasta 1997.


Al terminar la carrera, sintiéndome más inclinada hacia un enfoque de tipo humanista que no hallé en el ámbito académico, continué mi formación en el Centro de Terapia Gestalt durante cuatro años. Este fue un período de profundo trabajo personal y grupal.


Paralelamente a mis estudios, he trabajado como profesora de inglés con niños y adolescentes durante más de 20 años, trabajo que mantengo actualmente.


Tras mis andaduras por el mundo de la psicología y fascinada y curiosa acerca del vínculo cuerpo-mente, sentí la necesidad de orientarme hacia una exploración más de tipo corporal, que a la vez aglutinase la vertiente psíquica y espiritual del ser humano, y encontré en el yoga el camino que más se ajustaba a este anhelo. Entonces, en el año 2006, inicié una formación como profesora de Hata Yoga en la escuela Sadhana de Valencia, que finalicé en el verano del 2010.


Durante el año 2010-2011 complemento dicha formación con un curso de Yogaterapia, de la mano de Victor Morera y Grazia Suffriti (pertenecen a la escuela de Sadhana).


Desde el año 2012 hasta la actualidad he continuado estudiando con la inspiradora Esther Ekhart y su magnífico equipo de profesores formados en distintos estilos de yoga (Vinyasa Flow, Iyengar, Yin yoga y yoga restaurativo, Yoga terapéutico…), gracias a los cuales sigo ampliando y enriqueciendo mi práctica y la transmisión de ésta en mis clases y talleres.


Los motivos que me recuerdan por qué estoy en el camino del yoga y que me alientan a seguir profundizando en él son:


. Genera estados de paz (el alma de la práctica).

. Genera estados de diálogo, expansión, libertad, vida, belleza en movimiento…

. Me recuerda el compromiso con el corazón: el cultivo de la honestidad y la generosidad, mayor

  disponibilidad a escuchar, sentir y comprender.

. Me enseña a vivir conscientemente.

. Me invita a dialogar con lo profundo de mí.

. Permite ir soltando corazas, de modo que la personalidad sea menos personaje y más auténtica.

. Me recuerda que somos Luz por definición, y que la percepción de nuestros nudos nos sirve para

  evolucionar hacia una conciencia más expansiva y creativa.

. Me aporta un sentido de dignidad.

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